sábado, 7 de abril de 2012

Crónica de una muerte anunciada

Es lamentable y vergonzoso, pero no hay un título mejor para esta entrada de nuestro blog. Hace apenas un par de días se suicidó frente al Parlamento griego Dimitris Jristulas, un farmacéutico retirado de 77 años cuya pensión (ganada honradamente durante largos años de duro trabajo, como él mismo indicó) le fue brutalmente recortada hasta convertirse en poco más que una limosna que provocó que este anciano griego quedara sumido en las deudas a tan avanzada edad. Sin dinero para pagar su casa, sus medicinas o mismamente su comida, y sin fuerzas ni edad para llevar su lucha a un nivel mayor, Dimitris tomó la única y drástica decisión que los financieros, los banqueros y los políticos le dejaron: el suicidio.

Pero para nosotros y nosotras, los comunistas, lo acontecido ayer no fue un suicidio. Fue, con todas las letras de la palabra, un asesinato; uno especialmente controvertido por la carta que la víctima dejó, en la que llamaba sabiamente a la juventud a empuñar las armas, y por donde ocurrió, pero ni de lejos el único. En Grecia, anteriormente uno de los países con menor tasa de suicidio, las cifras al respecto no han hecho más que aumentar; y no es necesario ir tan lejos para encontrar el rastro de sangre que el capitalismo está dejando, ya que aquí en España la tasa de suicidio ha aumentado de manera tan espectacular que en la actualidad es la mayor causa de muerte no natural, por encima incluso de los accidentes de tráfico. El capitalismo y la burguesía ahogan a los y las débiles, a los desheredados y a las desheradadas, a los trabajadores y a las trabajadoras; aísla, oprime y tortura lenta pero inexorablemente a miles de seres humanos que poco a poco van siendo engullidos por la pobreza, el paro y el hambre. Miles de seres humanos que viven bajo el umbral de la pobreza, mientras que altos dirigentes de bancos y multinacionales se jubilan con millonarias pensiones pagadas con dinero público. El suicidio vivido en Grecia no ha sido el primero ni será el último, pero parece ser que al fin ha encendido la chispa de la que prenderá la llama; el pueblo, la clase trabajadora, está harta de cargar con los recortes y sacrificios de una crisis que no han causado ellos, y con episodios tan tristes pero ciertos como el Dimitris la mansedumbre se irá convirtiendo en ira y rabia. Un fuego prende en los barrios y las casas de los y las trabajadores; un fuego que quizá sea ahora débil, pero que terminará convirtiéndose en una enorme hoguera que ahogue con su fuerza crepitante a especuladores y ladrones, que consuma todo lo viejo y caduco, todo lo podrido y enfermo, y sirva para construir sobre las cenizas del capitalismo el edificio del socialismo.

Nosotros y nosotras, los comunistas, esperamos sinceramente y de todo corazón que el ejemplo de héroes de la clase trabajadora como Dimitris Jristulas no caigan en el olvido; que su recuerdo esté presente en las mentes de cada trabajador y trabajadora griega, porque Dimitris no se suicidó: Dimitris fue asesinado. Y que su asesinato no sea la antesala del de la clase trabajadora, sino de su renacer. Porque ante la especulación, el paro, el hambre, la pobreza, el analfabetismo, la explotación, la dictadura de los mercados, las privatizaciones, los EREs, el cambio climático... la única respuesta es socialismo. Porque mientras el capitalismo es muerte, el socialismo es vida.

El nombre de quién murió hace apenas dos días, junto a Dimitris Jristulas, era Democracia; pero quedamos aún muchos millones, y nuestro nombre es Resistencia.

¡¡DIMITRIS PRESENTE!!

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