sábado, 19 de mayo de 2012

Un año de indignación

Este mes hemos sido testigos del primero aniversario de uno de los movimientos más importantes del panorama social y político de nuestro país desde la Tra(ns)ición. El día 15 de este mes se cumplió un año desde que el pueblo español, de manera espontánea y enérgica, tomó las plazas de los barrios y pueblos desde Galiza hasta Andalucía, pasando por Castilla, Euskal Herria, Països Catalans... Hace un año, la crisis, los mercados, el capital y la burguesía provocaron un hartazgo tal que los pueblos ibéricos, tan resignados y pasivos tradicionalmente, protagonizaron un singular levantamiento de carácter pacífico mostrando su desacuerdo con las medidas de austeridad y los recortes (aunque quizá fuera más correcto decir hachazos) que protagonizaba en aquel entonces el gobierno social-liberal de Zapatero. Hoy, un año más tarde, es deber de la vanguardia revolucionaria de la clase trabajadora realizar una valoración de nuestra labor antes de este acontecimiento, durante este año y en los tiempos venideros, así como de la incidencia real del movimiento 15M.

En primer lugar, salta a la vista y resulta evidentes que los y las comunistas tenemos dos puntos básicos de confrontación con los llamados "indignados". Uno de ellos, de carácter organizativo, refiere al modelo de intervención en la vida política, y el otro, de carácter ideológico, al vehículo de transformación de un modelo de sociedad que todos y todas sabemos en estado terminal. Respecto a las diferencias organizativas, es innegable que el 15M presenta una estructura filoanarquista de actuación, rechazando la participación activa en el debate político dentro de los estrechos límites de la democracia burguesa; así, se muestran partidarios de alejarse de todo lo que suponga "formar parte del sistema". Como comunistas, nosotros y nosotras somos conscientes de que, en tanto que la burguesía (en su intento de humanización de la barbarie capitalista) nos proporcione resquicios y plataformas a través de las cuales lanzar nuestro mensaje hacia la clase trabajadora e implantar los ideales revolucionarios en la sociedad, es nuestro deber aprovecharlos. Es un ejercicio de irresponsabilidad política e infantilismo pretender destruir desde fuera un sistema fortalecido durante siglos y con aparatos de defensa de todo tipo mejorados con las sucesivas crisis que el capitalismo ha vivido; solo actuando desde dentro, aprovechando las facilidades que la burguesía ofrece en su intento de camuflar su dictadura capitalista, seremos capaces algún día de derrocar al capitalismo. La segunda diferencia, como ya hemos visto, refiere al vehículo de transformación de la sociedad; y es que el movimiento del 15M rechaza por activa y por pasiva la violencia como una forma válida de combatir al capitalismo. Es esta decisión la que ha provocado que, lejos de haber sido frenado en su ataque frontal al estado del bienestar, el capital haya agudizado su agresión; mientras el Estado represor burgués ejerce una doble violencia (física, a través de la policía, con detenciones y agresiones; y estructural, a través la explotación los desahucios, los recortes, la precariedad laboral...), la clase trabajadora se niega a responder con la misma moneda y sufre por tanto una decepción tras otra. Nosotros y nosotras, como comunistas, sabemos que como bien dijo Marx, los propositos y objetivos de la clase trabajadora "no pueden ser alcanzados sino por el derrumbamiento violento de todo el orden social existente". A pesar de todo, es nuestro deber también como vanguardia revolucionaria formar parte activa de un movimiento de tanto calado como es el 15M, ganando el discurso a anarquistas, socialdemócratas y demás opciones izquierdistas o continuistas del regímen burgués, para hacer ver a la clase trabajadora que solo subsanando estas diferencias las derrotas y decepciones se convertirán en triunfos y victorias.

Y es que, como todos y todas sabemos, el 15M ha supuesto una movilización social sin comparación en la historia contemporánea de nuestro país. Ilusionante en sus inicios, sorprendente por su espontaneidad y por el apoyo popular a las reivindicaciones (presentes, en esencia, en el programa del Partido Comunista prácticamente desde su fundación), ha ido desinflándose desde su aparición debido a su nula incidencia real en la vida política ibérica. Con dos elecciones de por medio, el Partido Popular, representante máximo de los mercados a los que el movimiento sabiamente señalaba como culpables de la crisis, se ha hecho en este año con el control absoluto de prácticamente todas las instituciones; ni una sola de las propuestas del 15M ha sido aprobada o ha salido adelante, y el número de participantes en las asambleas no ha hecho más que descender. Pero nosotros y nosotras, como comunistas que somos, debemos continuar trabajando en el seno del movimiento porque son más nuestras semejanzas que nuestras diferencias; y debemos contribuir a ampliar las miras y objetivos del movimiento y la clase trabajadora. Como marxistas, debemos estudiar y aprender de la Historia, y ser conscientes de que estas asambleas que hoy trabajan en pueblos y barrios no son sino las versiones ibéricas y modernas de los sóviets rusos (palabra cuya traducción literal, consejos o asambleas, está completamente libre de la connotación ideológica que actualmente se le supone); debemos por lo tanto comprender que nuestro objetivo debe ser la construcción de un poder paralelo al de la clase dominante, una estructura asamblearia compuesta por la clase trabajadora preparada para sustituir a las viejas élites en un verdadero proceso revolucionario de renovación y futuro. Y esa debe ser, en nuestra opinión, la estrategia que la vanguardia revolucionaria y la clase trabajadora deberán adoptar en los años que vengan si realmente aspiran a ofrecer una alternativa ante el inminente colapso del capitalismo.

En cualquier caso, este mes estamos de enhorabuena. Se cumple un año de luchas, en las que es posible que hayamos sufrido muchas derrotas, pero el primer paso, la indignación y el rechazo a la burguesía, los mercados y sus políticas, se ha dado sobradamente. Hemos comenzado el camino de algo que puede ser muy grande, así que hoy solo podemos tener en mente una frase del más grande de los revolucionarios de la Historia:
"Si luchas, puedes perder. Si no luchas, estás perdido"

¡¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!!
HOY COMO AYER, CREANDO PODER POPULAR


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